¿Es un blog un ser vivo?
Sí, sin duda. Sobre todo si nos atenemos a la misma definición de ser vivo: el que nace, crece, se relaciona, se reproduce y muere. Y es un ser vivo de naturaleza humana porque se comunica como los seres humanos: hay un emisor, un receptor, un mensaje y un código. Estos dos últimos pueden llegar a ser bastante complejos.
Es decir, un blog está vivo, pero no es un tamagochi.
En muchas ocasiones, como ocurre con los humanos de verdad, se nace sin que los progenitores supieran cómo pasó. En otras nace con gran deseo de sus padres, que han creado para él unas expectativas gloriosas: Churchill de la blogosfera. E incluso ocurre que nace a pesar del coitus interruptus *, y cuando se quiere uno dar cuenta, el blog ya está vivito y a ver qué hacemos ahora con él.
"Todavía no sé muy bien de qué va a tratar mi blog, pero ya me iréis conociendo". ¿De verdad alguien piensa que nos interesa de lo que va su blog? ¿Puede alguien que no sea un adolescente imberbe creer que queremos conocerlo? ¿Conocer la simpleza? La simpleza está en la calle, no hay que tener un blog.
En realidad sólo sobreviven aquéllos que, desde antes del ayuntamiento, también llamado coito, sabían qué pasos iban a seguir.
No es este el caso, está claro. El tuyo debe ser una cuarta opción: el blog extramarital. Probando abrazos nuevos, surgió esto. De la infidelidad nació este blog bastardo.
El blog debe alimentarse y crecer. Los post ayudan bastante. Si no se postea más que una vez al mes, es bastante probable que el blog se vaya quedando canijo. Pero, atención, la sobrealimentación puede crear sobrepeso y llegar un momento en que sobre el blog. Ya sabéis lo crueles que son los niños con las personas obesas.
El blog debe relacionarse con el entorno. Debe visitar otros blogs, dejar comentarios, ampliar la lista de amigos. Pero aquí también hay un peligro. Ser amigo de todos es ser amigo de nadie y enemigo de muchos.
El blog se reproducirá. Muchas veces se vuelve a caer en los mismos errores que al principio. Cuando quieres darte cuenta ya tienes tres o cuatro blogs, ninguno de ellos sabes realmente cómo llegó e incluso sospechas que alguno no es tuyo.
Y, al final, un blog también muere. Generalmente, cuando ya son muy mayores, de muerte natural por agotamiento de vivir o por la habitual falta de apetito.
Otras veces el aburrimiento puede llevarles al suicidio.
* Perdónenme la maldad del alemán No voy a incordiar sólo al tenderito.
El Colmado de Lamira
Chicristi dijo
Ummmm, pues ya no sé qué decir!
22 Febrero 2006 | 12:41 AM