Yo no pude ser el asesino, y tengo pruebas.
Yo no pude ser el asesino de la señorita Górtimer.
Cuando la mataron, yo estaba atendiendo a mis clientes en la tienda, y tengo muchos testigos, porque -según el forense- el crimen se produjo durante el acto que los sábados celebra el Reverendo Sincler a las siete de la tarde (como première de los oficios del domingo), y la tienda se llena de clientes que aprovechan para comprar jamón de york y ojear las revistas pornográficas. Y hacer acopio de condones con sabor a sandía.
Las chicas del Deliberately, que durante ese tiempo tienen menos trabajo, también vienen a comprar refrescos y pastas de té.
Y a promocionarse gratuitamente con el beneplácito del tendero, que nunca les recuerda que ellas también figuran en la libreta de deudores.
Las chicas del Deliberately nunca compran condones de sabores, porque saben que los normales son más baratos y más resistentes.
¿Quién pudo asesinar a Claudina Górtimer? La ortodoncista tenía pocos amigos, y yo no era uno de ellos. Hay quien opina que yo tenía motivos para ser el autor del crimen. Se negaba a arreglar mi boca, aunque no es cierto que se burlara de mí.
Al menos nunca en presencia del tenderito.
Pero yo sería incapaz de asesinarla, y menos teniendo la tienda llena como la tengo los sábados por la tarde.
El Colmado de Lamira
Speicherstadt dijo
Es obvio que eres inocente
5 Julio 2006 | 06:06 PM