Qui prodest?
El jefe de policía ha venido a contarme un chisme. Sé que lo hace porque siente remordimientos de haberme tenido encerrado durante tres días sólo por haber borrado siete minutos de una cinta de la videocámara de seguridad. Le agradezco su arrepentimiento, pero no estaría de más que la señora jueza se acordara también de pedirme perdón, en lugar de citarme para la semana que viene.
Mirando a derecha e izquierda para asegurarse de que nadie nos oye, el jefe me ha dicho que está a punto de llegar un notario con la heredera de la señorita Górtimer para hacerse cargo de la mansión, de las tierras, de sus pertenencias y de toda su fortuna.
Hasta su magnífico sillón para ortodoncia. Sin estrenar.
Yo he pensado que a lo mejor se hace cargo también de sus deudas, aunque en caso contrario creo que podré asumirlas, pues Claudina Górtimer no era buena cliente.
Según parece, el alcalde está muy enfadado, pues pensaba que la ortodoncista no tenía a nadie en el mundo y que probablemente donaría todos sus bienes al ayuntamiento. Pero por lo visto no fue así.
A pesar de ello, ha pedido a las hermanas Delacroix que dejen la mansión como los chorros del oro, sobre todo el pasamanos dorado de la escalera, que no debe albergar ninguna huella.
Hay que decir que todas las huellas que había en la casa ya están en manos de la policía, por lo que una limpieza a fondo no sólo es conveniente sino necesaria, después de que los hombres del jefe de policía pisotearan todo con sus botas llenas de barro.
Las hermanas Delacroix saben lo que es dejar las cosas bien relucientes, pues son las encargadas de mantener todo limpio y en orden en la iglesia perseverantista, donde pasan la mayor parte del tiempo.
Yo le he preguntado al jefe si sabía quién era la heredera, y él me ha sonreído sintiéndose superior al disponer de una información que yo, todavía, no tengo.
- Dicen que es una mujer que sirvió en su casa cuando la señorita Górtimer vivía en la ciudad.
Me he separado para mostrar mi asombro y tomar aire, pues el aliento del jefe apesta a ginebra y choped.
- Sí, tendero, sí -sonríe-. Toda la fortuna de Claudina Górtimer para una sirvienta. ¿Cómo lo ves?
Yo he titubeado, porque no me gusta pensar mal de la gente (y menos sin conocerla), pero he acertado a preguntar:
- Qui prodest?
El jefe de policía se ha metido su mondadientes en la boca y ha asentido con la cabeza.
Eso es, tenderito, muy bien: ¿a quién beneficia el crimen?


Lucas dijo
Quedó descartado entonces lo del amante?
20 Abril 2006 | 07:43 PM