Ayer por la tarde se presentó en el colmado una de las hermanas Delacroix con muy mala cara, totalmente descompuesta y murmurando para sí algo que no pude entender. Agarró una botella de ginebra del estante de las bebidas alcohólicas y la abrió mientras me pagaba, y ya le dio un buen primer trago antes de que la puerta se cerrara tras ella.
Ni al alcalde ni al jefe de policía les gusta ver beber alcohol por la calle, y menos si quien lo hace es una respetable señora de sesenta y ocho años que se pasa la vida limpiando suelos y bancos de la iglesia perseverantista, dejándolos como espejos.
Al poco rato entró la otra hermana preguntando por la primera. Cuando le conté lo acontecido se encaró conmigo:
- ¿Y tú por qué le vendes ginebra a mi hermana?
Cuando vio mi cara de asombro agitó su cabeza.
- Es que no sabes lo que ha ocurrido, tendero. No lo sabes.
Aunque, como buen ciudadano me gusta enterarme de cuanto sucede en el pueblo, no me considero una persona chismosa. Pero está claro que mi gesto exigía una explicación.
- Sabrás que estábamos dejando la mansión Górtimer sin una mota de polvo para que la encontrara nuestra querida heredera sin mácula alguna.
- Son ustedes dos la personificación de la limpieza.
- Todavía nos quedaba la tercera planta, pensando que nuestra querida heredera no vendría hasta el domingo. Pero resulta que se ha presentado con un notario hace menos de media hora. ¡Y está en la casa!
- ¿Y?
- ¿Cómo que "y"? -Acercó mucho su cara y me susurró:- Que nuestra querida heredera es de color.
- ¿Y?
Se agitó desesperada y se acercó todavía más, casi hasta rozar su nariz con la mía:
- Pues que no pensamos limpiar para una sirvienta negra. Aunque haya heredado todo el oro del mundo. Son principios. ¿Sabes algo de principios, tendero?
Yo le recordé que nuestro jefe de policía también es de color.
- Pero el color del jefe de policía, estúpido tendero, es nuestro color, porque es nuestro jefe.
Yo le contesté que ahora, la heredera universal de Claudina Górtimer también era nuestra querida heredera. Pero la señorita Delacroix ya había dado media vuelta y abandonaba la tienda dejándome con la palabra en la boca.
Y el pensamiento en el asesino de la señorita Górtimer.
El Colmado de Lamira
Racismo!!
Sólo le falta un poquito de sexo descarado a esta historia.