Merendando con la señorita Salomon.
He ido personalmente a entregar la compra de Gertrudis Salomon a la mansión Górtimer.
Aunque he intentado acceder por la puerta principal, ella me ha abierto por la de servicio. Según me ha dicho, por ahora va a instalarse en la zona de la casa reservada a los empleados. Es, según ella, como un pequeño apartamento dentro de un gran edificio, mucho más acogedor y más cómodo de mantener en orden.
Yo hacía mucho tiempo que no entraba en la mansión que fue de Claudina Górtimer. En realidad sólo entré una vez, cuando fui a que me mirara los dientes. En el mismo impresionante recibidor me dijo que abriera la boca, se puso sus gafas de leer y me despidió diciendo que lo que Dios ha hecho no lo modifique el hombre.
Sí. Así era la ortodoncista Claudina Górtimer.
La señorita Salomon me ha conducido a la cocina, me ha invitado a sentarme a la mesa y me ha servido un excelente café recién molido y unas pastas que ella misma hace. Me ha suplicado que la llame Gertru, y me ha pedido que la ayude a integrarse en la vida social de Lamira. Naturalmente, yo le he respondido que haré cuanto esté en mi mano.
- También te agradecería que me buscases a alguien para limpiar la casa y ayudarme en las faenas domésticas. Esta mansión es demasiado grande para mí sola.
El tenderito se ha propuesto atender la petición de Gertrudis Salomon antes de cuarenta y ocho horas.

