El abrazo.
Samuel Sincler ha debido hablar con Gertru Salomon sobre la conversación que tuvimos hace unos días. O tal vez Gertru está preocupada o sorprendida porque desde hace unas semanas -desde mi fuga- no voy a su casa a catar sus dulces caseros ni a conversar con ella.
Seguramente es por eso que se ha presentado a última hora de la tarde, cuando ya la tienda está cerrada y yo estoy barriendo con el hilo musical por fin apagado.
- ¿Con lo bien que te va el negocio y sigues barriendo, tendero?
Me ha gustado escuchar su voz y más todavía verla acercarse a mí mientras yo me daba media vuelta. La verdad es que en ese momento me habría gustado abrazarme a ella como los niños tristes, desconsolados y desamparados se abrazan a sus orondas madres. Pero, como siempre, sólo he sabido agachar la cabeza para ocultar mi vergüenza.
Ha sido ella la que me ha rodeado con sus brazos y me ha besado más arriba de la frente. Después, tomando mi cabeza con sus dos manos y obligándome a mirarle a los ojos, me ha dicho:
- Ay, mi tenderito. ¿Querría usted ser el asesor personal de la candidata a la alcaldía de Lamira?
Lo mejor para no defraudar a los buenos amigos es tener la oportunidad de no defraudarles.


Bechi dijo
Echo de menos las historias de Lamira. Supongo que el artífice está de vacaciones, eso espero. Un saludo de una admiradora de este blog (todavía no entiendo como no figura entre los clásicos de La Coctelera, muchos de los que publicitan en su página son penosos y sin talento)
16 Octubre 2006 | 08:32 PM