La Coctelera

El Colmado de Lamira

31 Agosto 2007

Todas las personas tienen un secreto.

He encontrado a la señorita Salomon más pensativa que de costumbre. Además, por primera vez desde que la conozco, me ha puesto para merendar unas galletas de soja de las que vendo en mi tienda y que esta semana tengo en oferta.

- ¿Sabes, tendero? -me ha dicho sentada a la mesa de la cocina sin reparar en mi desgana al mojar las galletas en el triste café soluble con leche-. Ese Opalinski es, en el fondo, como un niño. Borracho y ludópata, pero un niño.

Se refiere Gertru al hecho de que, en varias ocasiones en los días que el artista lleva alojado en su hotel, ha tenido que meterlo ella en la cama a causa de la melopea con la que a altas horas de la madrugada regresa de su estudio.

Incluso más de una vez ha tenido que meterlo bajo la ducha mientras el infeliz lloraba diciendo que no tenía a nadie, que llevaba una existencia sin sentido y que Gertru era la persona más buena que había conocido en su puta y desgraciada vida. Y la que mejor guisaba.

Gertru Salomon lo ha secado con dulzura y lo ha arropado mientras le susurraba "ya está, mi niño; ya está".

- ¿De qué sirve el dinero, tendero, si no tienes amigos?

Creo que no es la primera vez que nos hacemos esta pregunta. Opalinski ni siquiera tiene dinero.

Me he visto obligado a contarle el motivo por el que Opalinski está en Lamira y ella me ha dicho que ya lo sabía, que se lo contó una noche el propio Opalinski mientras echaba las tripas por el retrete.
Pero después de lo que me ha narrado, he tenido que confesarle mi fracaso como ángel de la guarda.

- Bueno -me ha consolado Gertru-, la señora Monforte te habló del juego. No te dijo nada de la cerveza. Tú sólo debías vigilar que no se acercara a una apuesta, no que solucionaras sus problemas de personalidad.

Me he dado cuenta entonces de que nunca le he contado a Gertru los motivos por los que yo estoy en Lamira. Ni a ella ni a nadie. Ni siquiera a Salma.

Tampoco me lo han preguntado. A Gertru Salomon, quizás por su propia vivencia, no le interesa el pasado de las personas, sino su futuro y, sobre todo, su presente.

servido por El tendero de Lamira 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Lucas

Lucas dijo

Pues deberias dejar de lado tu espitiru de tendero y no venderle mas licor al señor Opalinski... digo... para ayudarlo a mantener la sobriedad (y a que pueda terminar sus pinturas a tiempo)

2 Septiembre 2007 | 02:45 PM

diariodeunamitomana

diariodeunamitomana dijo

Sabés qué pasa, tendero? Que las personas no te pregunten por tu pasado habla bien de ellas. Si a duras penas podemos con quien somos, imaginate con quien ya no somos. Aquello de que para que sirve el dinero si no hay amigos y, encima, no tener dinero, me ha parecido genial. jajaja. un fuerte abrazo

4 Septiembre 2007 | 07:54 PM

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"Lamira es un pequeño pueblo rodeado de infinitos campos de maíz y bosques de abedules y de arces, con casas y calles plantadas a los dos lados de una carretera que tal vez, en la más absoluta lejanía, sea capaz de unir dos mares. Es aquí donde decidí hacerme tendero."
Jean Stele,
el tendero de Lamira.


Contando las veces que yo mismo entro y salgo, que son muchas, hemos estado en el colmado de Lamira


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