La Coctelera

El Colmado de Lamira

21 Noviembre 2007

La visita del jeroglífico boticario.

El boticario se ha plantado delante de mí y me ha mirado con su habitual gesto inquisidor. Afortunadamente para mi salud, él es mejor cliente mío que yo suyo, por lo que siempre me siento de algún modo en deuda.

- Tendero -me ha dicho-, tú y yo tenemos que hablar seriamente de algunos puntos. Hay aspectos que me gustaría tratar contigo.

Terminología científica: los puntos. Se enfrenta a la terminología humanística: el aspecto.

Yo pensé que volveríamos a discutir, una vez más, sobre la conveniencia de que yo venda en mi tienda analgésicos, colutorios o apósitos, y él en la suya (una tienda también) alimentación infantil, dentífricos y cremas hidratantes para las manos.

Lo ha dicho sin titubear:

- Opalinski es un peligro para nuestra comunidad.

Ha notado que mi cara, a la vez que desprecio y sorpresa (Opalinski es amigo), expresaba un requerimiento de más información.

- Vamos, tendero, no te hagas pasar por imbécil. Todos sabemos que no lo eres.

El boticario me ha explicado que Opalinski atraerá en breve a muchos medios de comunicación que querrán hacerse eco de los preparativos de su gran exposición pictórica "25 miradas rurales". En la ciudad comienzan a verse carteles en la estación del ferrocarril.

El boticario ha acercado demasiado su rostro al mío, con lo nervioso que eso me pone.

- Sinceramente... Qué te voy a decir que tú no sepas. Cada uno de los que estamos posando para Opalinski tenemos demasiado que ocultar, tendero. ¿Te das cuenta del peligro que supone para todos nosotros?

He mirado fijamente a los ojos del boticario. Sobre mi mente han pasado mil y una historias de Lamira: la mía, la de Salma, de Gertru, de las hermanas Delacroix, de los hermanos Boston, de los concuñados Sawmill , de la viuda O'Connell, del reverendo Sincler y de sus hijos, del jefe de policía, del alcalde... Del asesinado señor Boston y, cómo no, de la no menos asesinada ortodoncista Claudina Górtimer.

Pero el señor boticario se ha mecido la perilla y ha añadido uno de sus acostumbrados jeroglíficos verbales:

- Tendero... Ni yo sé lo que sabes que sé, ni tú sabes lo que yo sé que sabes.

servido por El tendero de Lamira 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

mitchell

mitchell dijo

Pues mientras él no sepa lo que sabes que sabe y tú no sepas lo que sabe que tú sabes, todo va estar bien ¿o no?

Saludos

22 Noviembre 2007 | 06:33 AM

Lucas

Lucas dijo

Hmmmm... esto me huele mal... que más se oculta en Lamira?

22 Noviembre 2007 | 03:04 PM

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"Lamira es un pequeño pueblo rodeado de infinitos campos de maíz y bosques de abedules y de arces, con casas y calles plantadas a los dos lados de una carretera que tal vez, en la más absoluta lejanía, sea capaz de unir dos mares. Es aquí donde decidí hacerme tendero."
Jean Stele,
el tendero de Lamira.


Contando las veces que yo mismo entro y salgo, que son muchas, hemos estado en el colmado de Lamira


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(5-3-07)


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(27-11-06)


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(30-07-06)


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