Una caja de sorpresas.
La señorita Salomon es una auténtica caja de sorpresas. Cada día puede uno aprender cosas de ella, pues tiene una sabiduría que no la dan sólo los años y los libros, sino también la observación, la curiosidad y las vivencias.
Mientras yo voy picando para la comida las cebollas, zanahorias, pimientos rojos, verdes y amarillos, ajos y perejil que Gertru necesitará para componer esos suculentos platos que luego Cynthia nos servirá a la mesa con su discreción habitual, no puedo evitar contemplarla preparando sus inigualables postres, amasando con enérgica dulzura esa masa que después de pasar por sus manos y por el horno se convierten en un pecado difícil de perdonar.
Esta mañana le he preguntado cómo sabía que el señor Varalica era croata.
- Y no me digas que por su acento, porque es tan leve que apenas puede percibirse. Además -añadí recordando las palabras del aludido-, por su forma de hablar no distinguiríamos un croata de un checo o un polaco.
Gertru mueve la cabeza y sonríe de forma pícara sin levantar la mirada del lebrillo de loza en el que se van mezclando la harina, el azúcar, las yemas de huevo, la levadura, el anís y la ralladura de un limón, que acogerán en su seno ese cabello de ángel que está sobre la mesa de la cocina esperando su turno para el gran espectáculo.
- El señor Varalica, un tipo curioso. ¿Sabes qué significa "varalica" en lengua croata? -me pregunta.
Deja de amasar mientras espera mi respuesta, que lógicamente no llega.
- Impostor. Quiere decir impostor, estafador. ¿Qué te parece, tendero? ¿No crees que le viene como anillo al dedo?
Sí. Es cierto. Me lo dijo nuestro amigo Lucas en un comentario hace unos días. Pero en ese momento no le presté la suficiente atención. Sólo pensé: ¡Caramba, Lucas sabe croata...!
La actitud del señor Varalica no es normal. ¿Quién tiene una vieja fotografía de uno mismo, en un marco de plata, sobre el escritorio de su habitación de un hotel? Lleva casi tres semanas alojado y sólo sabemos de él que es un viajante de comercio de origen croata que vive en el país desde hace veinte años. Incluso su trabajo como representante de joyas que está esperando a un cliente es una suposición nuestra.
Su misteriosa maletita, de la que no se separa, empieza a quitarnos el sueño y su aspecto es, efectivamente, el de un refinado estafador aguardando el momento propicio para dar su gran golpe a algún incauto millonario.
- ¿Y tú dónde aprendiste croata, Gertru?
Después de lavarse las manos, se sienta en una silla y mientras se las seca con parsimonia, sin levantar la mirada, me responde con toda naturalidad:
- Creo que nunca te he contado que trabajé para los servicios secretos en la Yugoslavia del mariscal Tito.

El Colmado de Lamira
Lucas dijo
Totalmente cierto... Getru y Lamira son una caja de sorpresas...
22 Noviembre 2008 | 02:59 PM