El miércoles se marchó la pareja de recién casados de la habitación 16. El viernes hizo sus maletas el señor Varalica, habitación 14. Asió con su mano derecha su maletín vacío, nos miró, nos abrazó, nos dijo que volvería.
Todos supimos que sólo regresaría a Lamira para unirse nuevamente a su esposa.
El hotel se ha quedado muy vacío. De hecho, soy el único huésped, suponiendo que se me pueda considerar como tal. Esta semana no han venido ni cazadores ni pescadores ni recién casados ni amantes ni delincuentes huyendo de la justicia. Puede ser el frío o tal vez la criris.
La señorita Salomon espera que durante las fiestas de navidad el hotel pueda poner el cartel de "completo", ya que si el negocio sigue así, con un sólo huésped -que soy yo-, hay un trabajador que sobra -que también soy yo-.
- Y entonces todo volverá a ser como antes -medita Gertru sentada a la mesa de la cocina con la mano sujetando su cabeza-. Viviré sola con la pequeña Cynthia, hasta que se vaya a la universidad.
Me mira y sé que piensa que no la escucho, que sólo me dedico a los buñuelos de manzana.
- Tendero: ¿qué harás cuando te despida?
La he mirado directamente a los ojos con los dos carrillos hinchados (un buñuelo en cada lado), sin poder pronunciar una palabra por miedo a espolvorear toda la mesa con el azúcar glasé.
- Supongo que tendrías que volver a abrir el colmado. Es lo tuyo, tendero -ha continuado para darme tiempo a tragar antes de que le responda-. Aquí trabajas bien, pero se ve que no eres feliz. Lo tuyo no es picar cebollas y pimientos ni limpiar ollas y sartenes.
Con una servilleta me he quitado todo el azúcar que me cubría media cara, desde la nariz a la barbilla.
- Lo sé, Gertru. En el momento que encuentre un local, aunque sea pequeño, me pondré a ello. Pero hasta que me despidas, créeme que estoy muy a gusto trabajando contigo.
Y he tomado otros dos buñuelos para llenar el vacío dejado por los anteriores.
Esta vez no ha interrumpido el silencio, lo cual me ha permitido cambiar de tema y abordar algo que me ronda por la mente desde hace muchos días.
- Gertru... -he comenzado titubeando- ¿Qué es eso de que fuiste espía en Yugoslavia?
La señorita Salomon, levantando los brazos al cielo, ha soltado una sonora carcajada como sólo las viejas gordas negras saben hacerlo. Yo, por mi parte, he levantado las cejas en clara muestra de sorpresa, como solemos hacer los imbéciles blancos. Cuando por fin ha podido controlar su risa, se ha dirigido a mí secándose las lágrimas con el dorso de la mano.
- ¡Ay, tendero, mi tenderito! ¡Pero qué inocente eres!
Yo no daba crédito a sus palabras.
- Sí, señorita Gertrudis Salomon -le he contestado muy enfadado frunciendo el ceño-, seré todo lo bobo que usted quiera, pero... ¿cómo supo que el señor Varalica era de Croacia? ¿Cómo puede distinguir el acento croata? Dígamelo, sí.
Gertru, sonriendo y agitando la cabeza para corroborar mi inocencia, se ha levantado de la silla, y mientras me daba la espalda para abandonar la cocina, me ha respondido con toda naturalidad:
- ¡Me lo dijo hace unos días Claudina!
El Colmado de Lamira
-.-
esto es lo unico que le faltaba a lamira. un fantasma...