Claudina Górtimer ha vuelto.
A Claudina Górtimer la asesinó nuestro forense en marzo de 2006, poco después de empezar yo a escribir en este blog.
Por entonces no conocíamos a Gertru Salomon. Fue algo más tarde, en abril de ese mismo año, al venir a Lamira a hacerse cargo de todo lo que había heredado, cuando nos sorprendió su existencia y su presencia.
Más adelante fuimos conociendo poco a poco la historia de estas dos mujeres: Claudina Górtimer, la rica ortodoncista de Lamira, y Gertrudis Salomon (no Salomón ni Sálomon), su criada negra y amante.
En estos dos años y medio he podido conocer bien a Gertru. Hemos pasado muchas tardes de tertulia en la cocina de la mansión Górtimer, hoy Hotel Górtimer. Hemos compartido muchos momentos agradables con Samuel Sincler, con Opalinski... Incluso la convencí para que tuviera su propio blog en La Coctelera.
Lógicamente, hemos tenido otros momentos no tan agradables, pero esos también forman parte de la vida.
Sé que los años no han afectado ni a la memoria ni al razonamiento de la señorita Salomon. En ese sentido, estoy seguro de que su mente está tan sana como la mía. Al menos. Y cada día puedo comprobar que su capacidad intelectual sigue creciendo a pesar de la edad. Es cierto que a veces empina el codo un poquito más de la cuenta, sobre todo algunas noches de soledad en las que piensa que el ron es una buena compañía.
También sé que a Gertru le duele inmensamente la ausencia de Claudina, pero nunca pude llegar a sospechar que su dolor le hiciera perder la razón.
Ahora que no tenemos clientes en el hotel, tampoco hay trabajo para mí, por lo que suelo pasar mucho tiempo sentado en una silla de la cocina contemplando a Gertru preparar sus guisos y sus dulces, y conversando sobre lo divino y lo humano. Más de lo segundo que de lo primero.
Anoche me atreví a preguntarle sobre lo que me dijo el otro día acerca de que fue Claudina Górtimer la que le habló del origen croata del señor Varalica.
- ¿Habías bebido esa noche, Gertru?
La señorita Salomon, continúa pelando patatas y, sin volverse siquiera para mirarme, me responde:
- Puedes irte a la mierda, tendero.
Pero yo insisto:
- Tal vez lo soñaste.
Gertru deposita el cuchillo sobre la encimera de la cocina, se seca las manos y se sienta frente a mí.
- Mira, tenderito, una cosa te voy a decir. Y quiero que lo tengas muy clarito. Cuando me emborracho, sólo ronco, y mi dolor de cabeza me impide recordar nada. Pero cuando estoy plácidamente dormida en mi cama, sueño. Y sueño con Claudina cuando éramos niñas, y cuando éramos dos jóvenes hermosas que sabíamos disfrutar de la vida. Y ahora te digo, tozudo tendero, que Claudina me visita con frecuencia, hablamos de todo y criticamos todo como las dos viejas que somos. Y fue Claudina la que me dijo que el señor Varalica era croata y que varalica significa estafador.
La miro aturdido porque sé que no me está tomando el pelo y que tampoco ha perdido la cabeza.
- Pero, Gertru -intento razonar-, Claudina Górtimer murió hace casi tres años.
- ¿Y crees que eso no lo sé, tendero de los cojones?
El Colmado de Lamira