Lamira, la vida y el mundo. 2ª parte.
En esta nueva etapa de "El Colmado de Lamira" estoy recordando algunas cosas que se han escrito en este blog. Esta es la segunda y útima parte de este repaso. Me estoy sirviendo para ello de sendos comentarios muy amables de Gonzalo en artículos anteriores.
En el comentario más reciente, Gonzalo expone la posibilidad de extender al resto del mundo esas sensaciones de encuentro y convivencia que parecen hacerse realidad aquí en Lamira.
No sé si los lamireños estarán de acuerdo con esa apreciación.
Lamira no es ajena a las pasiones humanas, a las virtudes y defectos que visten a las personas: el amor, la amistad, la solidaridad, el diálogo... pero también el odio, la corrupción, los celos, la venganza...
Yo mismo sembré la semilla del odio que acabaría con el asesinato de Claudina Górtimer, mi ortodoncista, si bien -afortunadamente para mí- no hubo relación causa efecto.
Llegué a ser sospechoso del crimen e incluso los vecinos pedían la pena de muerte para mi persona.
También el señor Boston apareció muerto en el pasillo de productos perecederos de mi supermercado.
Pudimos conocer la oculta y apasionada vida de la señorita Gertru Salomon y vivimos una campaña electoral que pretendía llevarla a la alcaldía de Lamira.
Los celos hicieron arder, literalmente, la vieja carpintería. La avaricia arruinó la gasolinera y mi supermercado. La soledad y el desamor han tenido sus protagonistas. Y, tristemente, la muerte también ha visitado Lamira.
Como ven, nada que no suceda en cualquier lugar del mundo.
¿Y a partir de ahora?
Estos días atrás he estado trabajando en la vieja funeraria para convertirla en el nuevo colmado de Lamira. Será como aquella pequeñita tienda de comestibles con la que empecé hace ya mucho tiempo.
En cierta forma es un volver a empezar con las ilusiones y la fuerza del principio, pero con la experiencia y las vivencias acumuladas gracias al paso de los años. Y, sobre todo, con los amigos que uno ha ido cosechando en el camino.
El Colmado de Lamira