Mirando por los costados.
Por fin abrió el nuevo Colmado de Lamira, ese lugar donde se pueden adquirir comestibles y bebidas de colores, hilos de colores, globos de colores, estropajos de colores y condones de sabores.
A la fiesta de inauguración han acudido muchos amigos, algunos venidos de lejos. Gertru estaba feliz porque por fin ha conocido a Marta, esa mitómana que tiene un diario en La Coctelera (y que últimamente actualiza muy poquito).
Ya bien entrada la noche, sentada a la mesa con el viejo alcalde y la viuda O'Connell, Marta ha cantado tangos y rancheras, cumbias y guajiras, jotas y fandangos. Y, si no ha cantado, ha movido la boca en una perfecta sincronía de labios o lip sync.
- Esa amiga tuya -me han dicho todos- es un verdadero encanto.
Ya estoy otra vez en mi salsa.
Oferta por reapertura: Todo al 50%, hasta el sábado. A partir de ese día, habrá promociones y descuentos, pero sin olvidar nunca que un negocio es un negocio, y no una ONG.
Esto se lo he tenido que recordar a las hermanas Delacroix que, no contentas con la fiesta y con la oferta, pretendían que mantuviera esos precios para paliar la crisis.
- ¡Qué crisis, ni que leches! -les he respondido de muy malas formas porque la fiesta estaba saliendo a las mil maravillas y ellas no paraban de dar la lata-. ¿No tienen ustedes una pensión más que apañada, que entre las dos ganan más que muchas familias de Lamira? Pues, ¡hala!, a consumir se ha dicho, que hay que salir de la crisis y el dinero tiene que circular.
Me han mirado, con esa expresión amarga que les caracteriza, mientras se zampaban el enésimo canapé.
- Qué borde eres, tendero.
Creo que la fiesta ha estado genial. En el patio trasero ha habido barbacoa, atendida por tres buenos amigos que no han tenido descanso. Lucas no podía faltar. La leña de roble me la han proporcionado los hermanos Boston. El vino tinto, abundante, ha sido de una calidad más que aceptable.
En el interior de la tienda, miles de canapés, ensaladas y refrescos.
De todo ello han dado buena cuenta cientos de convecinos que han disfrutado de lo lindo. Espero que sean tan buenos clientes como consumidores de productos gratuitos.
La señorita Salomon estaba exultante. Más parecía que fuera ella la anfitriona, pues no paraba de ir y venir, subir y bajar, moviéndose entre los invitados como pececillo (es un decir) en el agua. Cada vez que pasaba a mi lado me daba un pellizco en el trasero y susurraba:
- Vas a triunfar, tenderito.
Marta dice que ella nunca mira de frente, pero yo creo que no es verdad. Dice que lo mejor pasa por los costados y que no quiere perdérselo. En eso tiene razón.
A veces pienso que este blog, en realidad, se dedica a eso: a mirar por los costados, donde ocurre lo más interesante de la vida.
Gracias, Marta; gracias, Lucas, por estar aquí.
Imágenes:
1. Marta Drooker sentada con la viuda O'Connell, el alcalde de Lamira y, detrás, de izquierda a derecha, el boticario, la esposa del reverendo Matías Sincler y un tipo vestido de explorador que nadie sabe de dónde salió. Lo que está claro es que no tenía ningún problema con la ginebra.
2. El nuevo colmado el día de su reapertura. El sábado, los precios volverán a la normalidad.
3. Nuestro entrañable amigo Lucas, más por fuera que por dentro, en el patio trasero del colmado preparando ensaladas y barbacoas. ¿Qué sería del colmado de Lamira sin Lucas?




Mariana la aldeana dijo
¿El último?
Te traigo un san Pancracio que es lo que se suele regalar aquí en España cuando se abre un comercio para que tenga buena suerte.
Voy mirando mientras atiendes.
Un beso.
30 Enero 2009 | 12:18 AM