La Coctelera

El Colmado de Lamira

1 Febrero 2009

De la vida y de la muerte. De santos y de santas. De las lluvias de abril.

Las hermanas Delacroix -lo reconoceré- no son santo de mi devoción. Tienen esa capacidad, innata en algunas personas como ellas, de ver siempre el lado negativo de todo lo que acontece en la vida. Y lo peor es que siempre lo hacen con una sonrisa.

Esta misma mañana me han acusado, con ese tono amargo e inquisitivo que las caracteriza, de desnudar a un santo para vestir a otro. O algo así.

Yo las he mirado de algún modo aturdido, pues son fieles creyentes perseverantistas, y la iglesia perseverantista -que yo sepa- no reconoce a ningún santo. Lo dice el reverendo Sincler cada sábado de seis a siete de la tarde y cada domingo de nueve a diez de la mañana, y luego cada vez que tiene oportunidad: "Santo sólo es Dios y su hijo Jesucristo". Los demás, pecadores irredentos. También las hermanas Delacroix. Y sólo la muerte y el arrepentimiento nos redimirá.

Lo de vestir santos, o desvestirlos, se referían al hecho de haber abierto una tienda de comestibles en la antigua funeraria.

- Cuando nos muramos, tendero, ¿dónde velarán nuestros cuerpos?

Han comprado cien gramos de jamón de york y dos yogures naturales desnatados (¡al 50% de su valor!), y las hermanas Delacroix se creen con derecho a que les responda acerca de su futuro. De su último futuro. De la vida y de la muerte.

- Las velarán en su casa, supongo, como se hizo siempre.

Obsérvese que utilizo de manera intencionada la tercera persona del plural: "velarán", no "velaremos", dejando caer subliminalmente que tal vez "yo ya no esté" en su velatorio, porque aunque soy bastante más joven que ellas, los caminos del Señor son "inexcrutables". Se lo digo con X, por el énfasis.

Me miran como si fuera imbécil.

- ¡Ah, no!, que entran todos con los pies llenos de barro y te ponen el suelo perdido.

Las hermanas Delacroix -santas y relimpias- están convencidas de que morirán las dos a la vez, una tarde lluviosa de un mes de abril, víctimas de un ataque al corazón. Lo saben seguro. Pondrían la mano en el fuego por ello. El arcángel San Gabriel -que es santo- se lo dijo la noche de San Juan del 82. Desde entonces -han pasado casi 27 años- rezan todas las noches porque haya sequía en el mes de abril.

Así me lo cuentan: moriremos, tendero, de un ataque al corazón. Y, dicen, debo saberlo.

- ¿El mismo para las dos o cada una tendrá su propio ataque cardiaco?

Han recogido las vueltas y se han marchado con su jamón de york y sus dos yogures murmurando algo así como que este tendero tiene la gracia en el culo.

Eso me ha parecido oir.

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"Lamira es un pequeño pueblo rodeado de infinitos campos de maíz y bosques de abedules y de arces, con casas y calles plantadas a los dos lados de una carretera que tal vez, en la más absoluta lejanía, sea capaz de unir dos mares. Es aquí donde decidí hacerme tendero."
Jean Stele,
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