Un poco de tiempo.
El reverendo Sincler y su señora atendieron el colmado con gran interés durante los tres días que estuve ausente. A mis clientes no les faltó ni el pan diario ni la prensa ni nada de primera necesidad, salvo que consideremos como tal a los condones.
Efectivamente, lo primero que hicieron el sábado por la mañana fue retirar todos los preservativos y las revistas pornográficas. No hicieron una hoguera en la puerta del colmado, como yo temía, sino que los metieron cuidadosamente en cajas de cartón y los bajaron al sótano. Me dijeron que respetan el libre comercio en general y mi postura individual, pero que ellos no pueden ser partícipes.
Yo también respeto su decisión. Así se lo hice saber junto con mi agradecimiento. Por descontado, las ganancias que tuvo el colmado durante esos días irán a parar a mejoras del templo perseverantista.
Volví a Lamira solo. Salma se quedó con su madre en el pueblo de la costa. Me pidió tiempo.
- ¿Más tiempo, Salma? -le pregunté angustiado.
Ella me miró con media sonrisa, me besó en los labios y me contestó:
- Tiempo para hacer la maleta de mi madre.
No es que la madre de Salma necesite mucho equipaje. Lo que ocurre es que a Salma le gusta hacer las cosas bien. Quiere dejar la casa y la tienda de souvenirs en manos de una agencia inmobiliaria que gestione los alquileres.
Ella calcula que estará en Lamira después de las vacaciones de Semana Santa, o sea, la próxima semana.
Cuento los minutos que faltan para volver a estar con ella.


El Colmado de Lamira
Mariana la Aldeana dijo
Lo de las revistas y preservativos era de esperar. Pero nada se les puede echar en cara, cada uno es como es.
Supongo que´starás de los nervios esperando la llegada de Salma. Supongo que recibirá la bienvenida que merece.
Un beso.
6 Abril 2009 | 11:45 PM