"Lamira es un pequeño pueblo rodeado de infinitos campos de maíz y bosques de abedules y de arces, con casas y calles plantadas a los dos lados de una carretera que tal vez, en la más absoluta lejanía, sea capaz de unir dos mares. Es aquí donde decidí hacerme tendero."
Jean Stele, el tendero de Lamira.
Contando las veces que yo mismo entro y salgo, que son muchas, hemos estado en el colmado de Lamira